miércoles 4 de febrero de 2009

Ahora que las Fallas han muerto...


Amargas son las lágrimas de aquel, que
atormentado por la nostalgia, vio la fiesta morir. Pero todavía más amargas son las de aquel que de las cenizas la vio resurgir.

Quiere recordar mi memoria que corría el año 21 d.A. (después de Alfredo Ruiz) cuando el Maestro (este) volvió a tomar las calles; esas mismas que poblaban borregos con carpetas, que decían juzgar, escondidos bajo los criterios de la coacción, el folclore y la falsedad. Títeres guiados por el pastor de la mentira que hallaron irremediablemente la verdad: una falca roja que les obligaba a pensar. Interrumpía su paso, y no se quisieron parar, sólo la bordearon cabizbajos, nada más… Y es que no se atrevían a levantar la cabeza, no querían mirar, su corazón quedaba encogido, pues sabían que pronto un canto fúnebre en sus oídos comenzaría a resonar… Sonaba ya el repicar de las campanas, murmuraba un requiescat sin cesar… Las Fallas habían muerto para siempre, por fin la gran mentira se iba a desvelar…

La puerta había quedado abierta, era una oportunidad sin igual… Desgraciadamente, pronto esa puerta, de nuevo sellada iba a quedar. Los jueces deberán bajar del estrado (¡ja!), pues ya no hay nada que juzgar… Las Fallas se habían convertido en su propio verdugo ¿a quién iban a culpar? Estas, y con ellas la costumbre, parecían descansar… pero todo era una gran mentira, como la propia realidad. Seguían vivas más que nunca con la intención de acabar, con aquellas verdaderas Fallas «manchadas» de originalidad.

Maldita costumbre que hundiste la fiesta en oscuro abismo sin sentido alguno…

Maldita costumbre que cierras tantas puertas impidiendo a las falcas actuar…

Maldita costumbre que al mundo cegaste y dormiste por siempre, para no despertar…

Maldita costumbre que avanzas en el profundo silencio de la mentira y la vanidad…

Maldita costumbre que ejerces de verdugo en el juicio a la originalidad…

Ten cuidado, pues algún día serás tú misma la que oficies tu funeral.

Ahora que las fallas han muerto, ¡por fin amigos! podemos hablar…